lunes, 22 de agosto de 2016

Acá todo es un deporte

Cuando era chica iba los sábados en la mañana a mis clases de tenis. Rutina que duró su buen tiempo hasta que vinieron unas semanas de lluvias, mucha agua, y como las clases eran, claro, al aire libre, tuve que esperar a que mejorara el clima.

Todo esto era en un club de barrio a dos cuadras de mi casa.
La cuestión es que con las canchas de tenis inundadas, había que tener paciencia. Yo pasaba casi todos los días por la vereda y veía el polvo de ladrillo hecho barro, algunos pastos creciendo en los costados. Y los sábados volvía a llover.

Pasaron semanas o meses, sólo sé que al primer sábado que no llovió, fui a tenis. Y ahí sucedió lo que nadie barajaba que podía suceder: el señor de la recepción nos explicó a niños, niñas, adultos presentes que ya no habría clases de tenis, porque las canchas estaban muy desmejoradas. Horrible. Sentí, me acuerdo, una cosa inexplicable, con la decepción de quien lanza tomates (?) al escenario al grito de devuélvanme la entrada.

El señor, preparado para esa conferencia, nos ofreció a quienes asistíamos a #tenis que nos pasáramos a #voley, a la vuelta en la canchita techada.
Bueno. Es simple a veces la infancia. ¿Qué hice? Le dije a mi mamá que quería ir a voley y fui a voley.
Es otro deporte, era en otro lugar, pero seguía siendo el mismo club, el mismo barrio. Y pasó algo bastante espectacular para mí en ese momento: cuando tomaba clases de tenis usaba unas muñequeras de toalla blancas que amaba, las amaba tanto que me daban ganas de usarlas en todas mis actividades. Y el #voley -más allá de mi emoción por esas muñequeras- requería su uso, incluso mucho más que en los entrenamientos de tenis. Para sacar, le pegaba con fuerza gracias a mi muñequera; para defender, con fuerza con la muñequera. Como si lo mío hubiera sido siempre el voley.

- ¿Y qué pasó María, con el voley?
- No recuerdo
- ¿Y te acordás algo más?
- Que me gustaba
- ¿Y el tenis?
- También, pero menos, sabés?
- Qué rara es la vida a veces.

Estos días en que cada vez que prendía la tele había alguien jugando a algún deporte, largando alguna proeza, me acordé mucho de ese salto del tenis al voley. Sobre todo, de ese salto. El salto ornamental de transformar lo que tenemos en algo más. El deporte se parece a muchas más cosas que sólo al deporte.

Bueno, ahí va.
Medalla sí, medalla no, pero va.

pd. linkeo banda que vi años después en otro club de mi barrio :)



miércoles, 17 de agosto de 2016

Una casa

En un alfiler cabe una casa
cuando viene la poesía que hace de nosotrxs
lo que nosotrxs somos.


pd. Me gusta tanto este clip; lo dejo por acá porque sí.