domingo, 1 de noviembre de 2015

Qué tendrá

Hoy me acordé de estas dos escenas, no sé si esto de los noventa que vuelven tiene que ver: hace unos meses, entro a un chino acá cerca de casa. Estoy caminando de frente a la góndola buscando, pongamos, una cajita de tomate o sal gruesa, despacio muy concentrada producto por producto. Y de pronto, flash, me choco con un chavón que creo que estaba haciendo lo mismo. Un tipo más bajito que yo, de pelo corto y una camperita pegada al cuerpo que le marcaba la cintura.
Perdón, le digo.
Está bien, me responde el mismísimo Ricky Maravilla.
Tardé unos segundos en caer, era como una tapa de revista tamaño humano en un almacén de Balvanera. Bueno, sonreímos cordialmente y cada uno siguió con su compra. Me lo volví a cruzar en la vereda, él esperaba a alguien con una bolsa en la mano. Tan cotidiano el Ricky. Y ahí me acordé de que hace unos años, yo estaba en un bodegón del barrio y él estaba sentado en la mesa de enfrente, festejaban un cumpleaños. En un momento, pasó un tipo que tocaba el arpa y se puso a tocar a los pies de la mesa Maravilla. Aplausos. Sigue tocando, se levantan varios comensales de la mesa a bailar. Y miro de reojo y pienso: "Mirá si se pone a bailar Ricky".
Bueno: ¿Se imaginan si se hubiera puesto a bailar Rickiiii??
No lo hizo. Quizá tendría que haber hablado de eso con él cuando me lo topé en el chino. Qué desperdicio de la ocasión.
Será la próxima.
- Ah, y che, a no desperdiciar oportunidades de bailar ♪



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