jueves, 1 de octubre de 2015

Kodama, momento

Mi primer trabajo fue en una librería, sábados y domingos.
A mí me gustaba, pero a los que me preguntaban si me la pasaba leyendo: la verdad es que no; del casi año que estuve ahí, habré llegado a leer tres libros completos, uno de poesías de Juan Gelman, una novela corta de Andrés Rivera y uno de cuentos de Borges, lo demás fue un enorme salpicado, leer por partes, leer en diagonal.

El de Gelman, me acuerdo que estaba sobre el mostrador como 'reservado': un día entró una chica apurada, llovía, venía directo al libro, me pidió que lo envolviera para regalo, cada tanto miraba a la vereda, había un auto con el motor encendido esperándola. Tuve la sensación de que el libro era para el conductor de ese auto: ella se ponía de espaldas, tapando el mostrador y el libro, era una edición especial que yo acababa de forrar con un film para protegerlo. Pagó y se fue.
Así es la vida de atender al público también, se dialoga con lo efímero.


El de Rivera, simplemente lo encontré y lo leí una mañana solitaria. El de Borges era 'Ficciones'. Pero me pasaba algo raro: resulta que los sábados por la tarde, venía María Kodama y se sentaba a leer y tomar su café en el bar de la librería. Yo dejaba al Borges debajo del mostrador y leía otras cosas. Hasta que un sábado antes de irse pasó por las estanterías, agarró un libro y se acercó a donde estaba yo. En mi cabeza se prendieron fuego las apuestas: A ver, Jorge Luis, ¿qué libro estará llevando? ¿A ver, me oye?
- Llevo éste.
- ¿Se lo envuelvo para regalo?
- Sí, por favor.


Esa fue prácticamente toda mi memorable conversación con la ex de Borges, allá por el año '99.
Mucho mejor fue lo que leí al voltear el libro que iba a envolver: "Bioy Casares". ¡El alterego de Jorge Luis, su amigo, su cómplice y todo, su salieri incomprendido en la fama universal (?), el novio de la Ocampo rebelde, el otro!
Con ustedes, el libro que estaba comprando la Kodama... Ahí se me frenaron todas las ideas, a tal punto que nunca nunca nunca pude recordar qué título compró, cuál de todos. Sólo sé que mientras doblaba las esquinitas del papel regalo y cobraba y abría la caja y sacaba el cambio para la clienta y ponía el libro en la bolsita y el moño y la veía irse, todo ese tiempo, pensé en Borges. ¡Pero era un libro de Bioy! (..lo que es la mente, ¿no?)

La dupla Honorio Bustos Domecq es como un átomo que hace fuerza para conservarse unido en el lomo de algún libro pero se parte, siempre se parte, y quedan dos mitades desparejas: Borges por un lado, Casares, por otro.

- Y al final, nadie lucra espectacularmente con Bioy.
- ¿Y Kodama?
- Borges.
- ¿Por una cabeza?
- Todas las locuras.











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